20/11/09

Las diez y diez

>·<



Las diez y diez

Sentado.

Sentado entre dos pilares. Dos pilares que soportan una humanidad encallecida.
Grises, como esa humanidad en la que me sumerjo empapando mis inertes huesos.

Hoy también te he visto. Y hace dos días. Y hace dos días de hace dos días. Y así, muchos días.

Hoy tampoco he hecho nada. Tampoco. No. No he hecho nada.
Nada.

Sigues ahí. Estático. A las diez y diez. Todos los días son para ti las diez y diez.
¿Cuánto llevas ahí, en tu pensión multiestrella?

¿Y ese perro? Quizá sólo sea la presencia de la fidelidad… o la denuncia de otras infidelidades.
El perro de las diez y diez. También. Anclado en el tiempo sin tiempo.

Jamás un gruñido. Jamás un ladrido. Quizá. Quizá sabe que yo no merezco ni eso. Ni un ladrido.

Hoy tampoco he hecho nada. Quizá, quizá mañana te eche unas monedas con las que apagar mi desasosiego. No me he preguntado por el precio.

No podré pagarlo.

Nunca tu mirada me ha censurado. No me miras. Que estés ahí ya es suficiente castigo.

No sé si sabes eso. No creo que te importe. Ni a tu perro.

Quizá mañana te diga algo. Quizá.
Dime qué quieres que te diga. ¡No sé qué decirte! No hay nada que decir cuando las palabras están hechas con sonidos vacíos. ¡Ayúdame!

Quizá. Quizá también yo esté parado en las diez y diez. Atrapado.

Atrapado y sin un perro que me acompañe. Y sin nadie que me diga palabras vacías.
Sin nadie.









:::Post 325 - CR61/091120 – Las diez y diez
:::foto: 070928-P1030837-El hombre de las diez y diez >·< Lumix DMC-TZ5 - f/4.2 - 1/80 seg - 8 mm* - ISO 100

10/11/09

Revueltas

>·<



al aire del desaire

aguas revueltas
rebeldes
gritan a un viento que desgaja ramas

ciegan grietas dolorosas
del desamor

para después morir




:::Post 322 - CR 060/091110 – Revueltas :::foto: 091108-A1797 - Río Asón :::Canon EOS 50D - f/16 - 0.6 seg - 80 mm* - ISO 100

06/11/09

Cuarenta mil

>·<


En breves momentos recibiré la visita número 40.000
Quizá seas tú.

Gracias, no solo para tí, con tilde en la Ï, para todos por vuestra compañía
en estos poquito más de dos años

Os he visto pasear con la mirada ausente sobre cristales rasgados
...unas veces

Otras... por ese milho donde pasea una vaca international.

Me he sentido muy a gusto en mis casas
donde tendréis siempre las puertas abiertas

Para celebrarlo, vuestras 40.000
os invito a esbozar una sonrisa
que en algunos pueda significar sorpresa al reconocer mi nick
alias, apodo, o como queráis llamarle.

Espero veros por aquí otras 40.000 veces
Ya veis, pido de poco en poco

Gracias





y otro más...


hay muchos más...


:::Post 321 CR 059/091106 – Cuarenta mil
:::foto: Ñoco Le Bolo mostrando su cuerpo serrano
:::Cortesía de YouTube... los "vidrios que disfrutáis" (tendréis que detener el reproductor de música)


03/11/09

Rompe la piedra

>·<



rompe la piedra la delicada piel

de su alma

y por esa herida

ella sangra

o

habla
canta
baila

calla








:::Post 319 - CR 058/091103 – Rompe la piedra
:::foto: 090814-A0696 - Salamanca - Río Tormes
:::Canon EOS 50D f/8 - 1/200 seg - 50 mm* - ISO 100



28/10/09

Flores y tejas

>·<


asomada

flores y tejas en su mirada
y encinas…
por el sol doradas

asomada

desde su ventana
el olor del ibérico...
el baile de bellotas
la luz que puebla la tierra de su alma

>·<

para quien se asoma a esa ventana,
que quisiera acariciar sus tejas y flores
todas las mañanas
AyYiYi
the bluish rose






:::Post 317 - CR 057/091028 – Flores y tejas
:::foto: 090814-A0682 - Salamanca - Cespedosa - Flores y tejas
:::Canon EOS 50D f/4.5 - 1/50 seg - 50 mm* - ISO 100

20/10/09

Estaba allí

>·<



Estaba allí
Estaba allí, mirando al frente. Me refiero a mí. A mí mismo. La verdad es que siempre miro al frente, aunque tenga el cuello retorcido mirando aparentemente hacia atrás. Y la ví. A mi derecha. Moviéndose pausadamente.

Al norte tenía tres uniformadas muchachas, de blanco impoluto pese a sus menesteres. Las dos laterales con una sonrisa de oreja a oreja mientras que la del centro estaba absorta en su trabajo con el ceño fruncido, sin que translucieran, para nada, sus pensamientos.

Lo primero que me llamó la atención fue su indumentaria.

Al sur tenía unos cuantos varones de mediana edad, haciendo guardia distraída sobre su cesta roja, dos de ellos, y el resto, sobre sus carritos de la compra.

¿Había dicho que estaba en un gran centro comercial? De hecho, viéndolos, me veía reflejado en el espejo de otras ocasiones, cuando adoptaba esa misma actitud.

Un montón de pares de ojos de distintos peces, que en esos momentos ya eran pescados, me observaban con atención. Diría que algunos trataban de incitarme a que entablara conversación con ellos pero no podía. Ahora el objeto de atención era ella, alta para su edad, vamos, le calculaba unos 68 o más. Alta para mí serían los 1,68. Desde luego, más baja que yo, que es uno de los indicadores que empleo para averiguar alturas... de personas.

Los varones de guardia, sus respectivas estaban a lo que yo, a intentar entablar alguna relación con los pares de ojos que nos miraban, seguían ahí, de pie, oteando, y esperando el relevo, que paulatinamente les iba llegando, cuando su compañera, esposa, amante o lo que fuese tomaba las riendas y ordenaba la puesta en marcha del carrito. Todo era cuestión de una delicada mirada, o áspera según casos, que significaba el momento concreto y la dirección adecuada.

Desapareció, ella, en un momento para aparecer algo mas tarde a mi izquierda. No sé el tiempo que transcurrió. Estaba abstraído mirando al sur, donde un cartel me informaba que las naranjas estaban a 2 euros la bolsa de tres kilos y que el kilo me saldría, se supone que en el caso de que me decidiera a llevarme una bolsa, a la cantidad de no me acuerdo. Podría hacer una regla de tres pero ya no vale la pena.

Vestía con una camiseta de manga larga, algo deslavada, que dejaba transparentar un sujetador de color negro. Los senos, los dos, algo caídos, por otra parte algo natural y consecuente con la edad que le calculaba.

Las tres muchachas del mostrador del pescado, se supone que a estas alturas todo el mundo ya se habrá percatado de mi exacta ubicación, estaban muy atareadas. Todo era eficacia. Una cuarta muchacha me indicó que si prefería el pescado ya preparado me atendería en el acto, sin esperar a mi turno, el del número verde, azul o rosa según el momento del día. Por no desairarla, uno es débil, le pedí amablemente que me pusiera dos rodajas muy gruesas de salmón, pero no me moví, continué en mi puesto, duramente conseguido a base de pasar números en un ordinario indicador led de puntos rojos.

Mientras, la miraba. Acompañaba su camiseta con un pantalón de tela ligera, de color blanco y negro con dibujos geométricos algo atigrados.

Lo hizo, la muchacha del salmón. Me las sirvió perfectamente envasadas y selladas para que no fueran dejando un rastro del mar noruego por mi futuro trayecto. Le di muy amablemente las gracias. Me gusta dar las gracias, quizá porque a mí me las vienen robando desde hace unos años, vamos, casi todos, en cosas menos, más o igual de importantes que el asunto del salmón.

Al lado del cartel de las naranjas había otros, pero no recuerdo, a mi sur, como he dicho antes. Había también algunos expositores de productos varios, pero tampoco recuerdo, estaba atareado mirando al este. Ella continuaba allí. Destacaba entre el gentío. Una gorra negra, un poco al estilo del Che, cubría un fino cabello rubio rubio, de color claro, rubio claro. El marco que suponía esa gorra, o gorro, realzaba más ese rubio.

Cantaron el número 58. Pronto me tocaría. Las tres muchachas seguían en sus papeles. Dos resplandecientes de felicidad y la otra taciturna. Por un momento caí en la tentación de intentar introducirme en sus pensamientos. Lo dejé. Las combinaciones posibles eran infinitas. Miento. Lo hice, pero las revelaciones carecen de interés ahora.

A mi espalda, el sur, se renovaban las cestas rojas o los carritos llenos hasta arriba de mercancías, como si esperasen el FindelMundo. Cestas y carritos, carritos y cestas, con sus respectivos y solitarios guardianes masculinos. En realidad, uno de ellos no era guardia solitario. Tenía niño dentro del carrito. Era consciente de que yo era uno como ellos, pero hoy debía desarrollar un rol diferente.

Su tez era clara clara, a juego con el rubio rubio claro. Se le descolgaba la historia de su vida en su faz. Debió ser muy guapa y todavía lo era. Y muy feliz, pues así me lo parecía ahora. Sus arrugas no escondían amargura alguna. Estaban ahí y eran la historia de su vida, que parecía mostrar orgullosa.

El 60. Y cuando una de las tres muchachas, no quiero llamarles pescaderas o pescateras, que es un horror de palabra, inició la atención a la afortunada propietaria del número, ella dio unos saltitos disculpándose. ¡Ay!, estaba distraída mirando la lista.

Y estaba distraída mirando la lista de la compra. Lo certifico. No mentía.

En la mano izquierda tenía un par de gafas degradadas, del gris oscuro a un gris blanquecino. Gafas con vida propia, que subían y bajaban en rápidos movimientos. O que ordenaban a la mano un rápido movimiento para colocarse en una delgada y bien formada nariz. Esa mano tenía bastante trabajo ya que también sostenía un bolígrafo normal y corriente, nada de lo que podríamos esperar de esta señora tan especial a mi vista.

La chica de las rodajas de salmón se movía apresuradamente haciendo nada. Tenía poco éxito y por tanto poco que hacer. Todo el mundo, incluido yo, preferíamos que nos preparasen el pescado. Sin ir más lejos, yo le diría a la muchacha que me atendiese: A mí, esa lubina, por favor. No, esa no, la más grande, y por favor, preparada para ponerla a la espalda. ¿Puede ser? Gracias.

En la otra mano tenía un papel muy arrugado, escrito a lápiz con letra muy pequeña. Estaba muy claro que ya lo traía preparado desde casa.

La sincronización era perfecta en una dama de esa categoría, cada vez crecía más mi admiración por ella. La mano del bolígrafo retiraba de sus ojos, después hablaré de ellos, las gafas de sol degradadas del gris al blanco. La mano del papel arrugado subía, con el papel arrugado bien asido, a colocar las gafas de cerca que le colgaban de un cordón negro que destacaba sobre sus flácidos senos, revelados por un negro sujetador bajo una blanca camiseta de manga larga.

Mientras estaba siendo atendida, otra muchacha llamó al 61. Ya iba a ser mi turno. ¿Me daría tiempo?

Sus ojos eran verde azulado. Pese a los dos pares de gafas, no aparecían gastados por la vida. Eran vivaces. Viajaban a lo largo del mostrador preguntando continuamente, algunas veces acompañados por la palabra. Pero no consigo recordar su voz. Probablemente, fuese tan delicada que solamente fuese oída por los peces o pescados de la primera línea.

Sobre el carrito, dejándose caer, una chaqueta de burda lana rojiza, o algo así, con un toque jipi de verdad, y un bolso bandolera que me hubiese gustado para mí. En realidad, para mí me hubiese gustado todo si…

El 62. Yo. Y lo dije tal como lo había ensayado a lo largo de toda la espera. A mí, esa lubina, por favor. No, esa no, la más grande, y por favor, preparada para ponerla a la espalda. ¿Puede ser? Gracias.

Al este, a mi derecha, se había colocado un hombre, con un carrito. Me alegro. No me sentía tan solo, pero enseguida me olvidé de él.

No sé si podría ser mi madre. Ya dije algo acerca de su edad aparente. Por otra parte, tampoco sé muy bien mi edad. Tenía un trasero alto y plano, nada atractivo. Y la camiseta no le quedaba muy bien por la espalda. Mi admiración era profunda. ¿Sería yo capaz de ir así? ¿Quién me lo podría impedir?

Estaba colocando las cosas en su carrito. Había comprado muchas cosas. Algo de trabajo le iba costando, teniendo en cuenta que no había soltado, durante esa manipulación, ni las gafas degradadas, ni el bolígrafo, ni el papel escrito a lápiz... cada vez más arrugado.

La muchacha del pescado alargaba su brazo derecho, movimiento acompañado con un delicado movimiento de seno del mismo lado, hasta un punto de difícil equilibrio, a fin de facilitarle la recogida de sus compras.
Mi muchacha, la que tan amablemente me estaba atendiendo, después de acabar con la lubina, esa no, la más grande, y sellarla para evitar un rastro a mar cantábrico, un decir, en mi más próximo futuro trayecto, hacía otro tanto que yo agradecía con una sonrisa.

Sin darnos cuenta, sobre todo ella de mi presencia, nos fuimos alejando poco a poco. Yo absorto, ella no sé. Ya no atendía. Yo, con la imagen de la serenidad personificada. Ella, ignorando que por un momento, fue la persona más importante de mi vida. Yo, recordándola ahora. Ella, sin saber que sería la protagonista de esta historia.


>·<
Este relato fue publicado el 1 de octubre de 2007
en Outra Vaca No Milho
lo recupero añadiéndole una fotografía
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:::Post 315 CR 056/091020 – Ella estaba allí
:::foto: 090604-P1030399-Pescadera en Santiago de Compostela - A Coruña
:::Lumix TZ5 f/3.4 - 1/30 seg - 5 mm* - ISO 200


07/10/09

La niña de la botella

<·>



suena música
norteafricana
en un entorno amigable
y se expande llenando de ecos los huecos del aire
el calor quema las hojas de los árboles
que se esconden en la nada y refugian trinos
de pequeñas aves

la niña corre al embalse
la niña corre al embalse

duerme la siesta, con los pies en el volante
un joven de tez morena
triunfador de oscuras pateras en mares que arden
una madre, sentada en una piedra
otea las calmas aguas del embalse

la niña corre
la niña corre
se agita

mueve el aire y agita el agua
mueve el agua y agita el aire

juega con ella entre sus dedos
como antes con ardientes arenas del sur
y la música todo lo invade...
llenando de ecos los huecos del aire
como la mirada de la madre
escondida en oscuros ropajes

si el sur les queda lejos, para el norte se les hará tarde
y habrá que hacer noche, justo donde el sol se apague
mañana cruzarán las montañas

Niña
que ese agua que llevas no es limpia
que si limpia la quieres, debes mirar algo
esta tarde
algo que te regalo, para que siempre guardes
y recuerdes como agitabas
el aire




Y esto sucedía en el embalse de Barasona, Lérida...
donde una promesa de mestizaje jugaba con el agua.



:::Post 312 - CR 055/091007 – La niña de la botella
:::foto: 090726-C1962-Huesca -Embalse de Barasona-Niña con botella / Canon S3IS f/4 - 1/1000 seg - 35 mm* - ISO 100
:::puedes hacer clic en la foto para ampliarla
:::enlace: La Mirada Ausente - Agua para una niña <·>


01/10/09

Robando el viento

!!!


nacéis muertos
de troncos insensibles a corazones grabados por jóvenes navajas
en vuestra piel alba

con raíces estériles
en lo profundo de la tierra
vuestras tristes ramas tres
llenas de mil hojas invisibles
engañan al viento
al que robáis la libertad
sólo
...por un momento




:::Post 310 - CR 054/091001 – Robando el viento / Camino de Santiago
:::foto: 090921-C2166-Castrojeriz - Nuevos bosques
:::Canon S3IS - f/4 - 1/500 seg - 20.7 mm* - 0.00 eV - Sin trípode - Sin flash
:::enlace: La Mirada Ausente - Vientos robados

16/09/09

La cita




invitó a la mañana a una cita
convinieron las 8 horas 6 minutos
… y 49 segundos
fueron puntuales

ella se pondría sus mejores luces
las del este volando sobre la isla de Mouro
él almidonaría sus velas
blanqueadas por el sol de poniente
lavadas por el rocío de la luna

ya sólo faltaban segundos
cuando alguien pasó por allí
… con una cámara
*
*

:::Post 307 - CR 053/090916 – La cita
:::foto: 090808-A_0507- Bahía de Santander - Velero
:::Canon 50D - f/5.6 - 1/160 seg - 160 mm* - ISO 100 - 0.00 eV - Sin trípode - Sin flash

07/09/09

El náufrago

ñoco!


Debo ponerle nombre. Inventarlo. No puedo hablar de un desconocido sin previamente saber algo de él. Así pues, le llamaré John Smith, un nombre muy americano… para desubicarlo, un nombre vulgar previsiblemente anónimo para evitar que los lectores traten de averiguar su verdadera personalidad… aunque me pregunto si tendría importancia.

Me lo encontré sentado en un banco. Comienzo a recordar detalles. Un banco de madera que en su día estuvo pintado en color azul europa. El lugar era un tanto raro. Yo no suelo pasar por allí más de un par de veces cada lustro. O si sé la razón. Tal vez sea que ese lugar no me conduce a ninguna parte concreta, o, quizás, que la zona sufre una brutal agresión estética que mi ojos repudian.

Me hizo una seña y, extrañado, me acerqué pisando la hierba del mínimo parque. Me sorprendí de la ausencia de duda. Me acerqué. Sí. Ahora lo entiendo mejor. No me lo encontré… me encontró él a mí y por eso me hizo la seña.

Me invitó a sentarme en su banco azul europa al tiempo que me ofrecía un cigarro liado con tabaco de pipa, Dunhill me parece recordar, al mismo tiempo que sacaba de un bolso de piel ajada unos caramelos de menta, una caja de regaliz, cinco chicles La Sara, dos periódicos viejos, unas gafas de sol y un cojín inflable. A sus pies, una botella de gaseosa semivacía miraba como unos gorriones traveseaban en los primeros calores del verano. No tuve que hacer ningún esfuerzo para percatarme de que todo ello formaba parte de un gentil ofrecimiento.

Tomé tres caramelos y un periódico al que agarrarme ante una posible tempestad. Nada tenían que ver unos negros nubarrones que se acercaban muy lentamente, desde el Oeste, desde donde vienen siempre.

Su aspecto no era muy bueno. Me sorprendí teniendo tan conmiserativo pensamiento. Estaba recién afeitado, pero mal, especialmente en las zonas lindantes con unas estrechas patillas. Su mirada era aguda, penetrante, desde sus acuosos y saltones ojos azul grisáceos. El lacio y blanco cabello se dejaba resbalar hasta cerca de los hombros como una cascada nacida en un pálido lago.

Su ropa estaba limpia. No parecía vieja, pero estaba a falta de un buen planchado. Sus zapatos contaban, a quién quisiera escucharles, que habían andado mucho, recogido muchos polvos y lodos, pisado vergeles y eriales… sin que nadie les hubiera hecho una caricia reparadora. Aún así, parecían sonreír pese a las heridas del tiempo.

Un silencio espeso estaba cosido en los mechones del aire. Inusitadamente, algo se rompió. Hubo un claro y un rayo de sol, solo uno, acarició su nuca iluminando la blanca cabellera alrededor de su cuello. Mis ojos cegaron un momento su rostro, despareciendo su mirada, y se detuvieron en una aureola cenicienta que le invadía sobrenaturalmente.

Y dijo algo… entrecortadamente. Pude entender un “verá usted” que rápidamente sustituyó por un “verás”. Y comenzó.

Vengo del más allá.
Me sonó extraño. Las pocas palabras resonaron como una armonía de Ligeti. No creo que se percatara de mi esbozo de sonrisa o quizás mueca abortada.

No sé si realmente estoy allí todavía, continuó, por eso “le he llamado”. Se corrigió otra vez con un “te he llamado”. Está vez, cortésmente me pidió permiso para tutearme ya que yo solo era un niño… a sus acuosos ojos.

Hace un tiempo decidí desaparecer, prosiguió. No sé cuánto es ese tiempo. Posiblemente una eternidad, o la eternidad completa. Y te diré más… es probable que todavía esté desaparecido y tú solamente seas una realidad virtual en mi enfermo pensamiento. Si así fuese, créeme que lo siento. De verdad siento que solo seas un espejo de mi existencia. Existes en tanto yo soy capaz de hablar contigo, o creo que hablo contigo. Francamente, el encontrarte y poder hablar me hace sospechar otra posibilidad. ¿Seré yo el fruto de tu mente? Y antes de llamarte me he palpado, he tomado estas menudencias que te ofrezco. Incluso ojeé esos periódicos para situarme en el tiempo. ¿Sabes que día es hoy? Tengo miedo que esos periódicos estén marcados y cambien su fecha con mi simple mirada y es que… nada de lo que leo me sorprende aún cuando todo sea nuevo para mí.

Hace un tiempo, cuando tomé aquella decisión, me fui a una tienda de submarinismo y compré un traje negro. De neopreno. Me costó trabajo encontrar uno que fuese absolutamente negro, exento de líneas coloridas. También, unas aletas negras. Y ese fue el comienzo de mi viaje. No me preguntes como pero una vez en la costa, concretamente, en el borde del muelle al lado del noray donde muchas veces me he sentado a ver pasar los barcos rojinegros de la Cunard, intuí el punto exacto de la negritud en su cualidad absoluta… como si ésta pudiera ser graduada.

Nunca había buceado. Cuando niño, había hecho inmersiones mínimas en aguas someras. Todavía recuerdo las gafas azules y el tubo amarillo canario. No te distraigo. La cuestión es que me dejé caer y sin ningún esfuerzo me encontré en medio de la noche líquida. Supongo que de alguna forma, esa noche densa como mercurio iba penetrando en mi cuerpo y sustituyendo mi sangre… antes roja. Te diría que todo mi organismo se fundía a negro, como en una película de suspense. En algún momento pensé que estaba en un líquido amniótico negro irisado y cálido pero me faltaba algún tipo de arrullo, rumor, murmullo... Pensé por unos breves instantes en la posibilidad estar atrapado en un agujero negro líquido, pero aquello no era el espacio que imaginaba, voraz devorando el universo, incluso a si mismo. Mi pensamiento se iba desvaneciendo, perdiendo contornos y adquiriendo la consistencia de un único pensamiento entrópico.

No. No estaba desconcertado, ni preocupado. Había iniciado el viaje sabiendo que quería alcanzar la nada. Quería diluirme en la nada. Ser nada. Me preguntaba acerca de la materia que conforma la nada. De algo estaría hecha y si acaso mi llegada, aportando algo, materia o energía, podría deshacer esa entidad. De alguna forma había divinizado la naditud y mi ferviente deseo de alcanzarla podría acabar con ella. Era algo que no debía permitirme, después del enorme esfuerzo que venía realizando en los últimos años para ser eso, para ser nada. Nada.

El señor Smith seguía hablando indiferente a la existencia de un mundo exterior, indiferente a su interlocutor…

Me fijé ahora que a sus pies había una tabla salitrosa, negruzca y rayada, roída por mil huracanes hambrientos. Me fijé ahora que bajo su camisa blanca se adivinaba un traje de neopreno. El traje. Negro traje de neopreno. Me fijé ahora que, dentro de sus zapatos, que parecían sonreírme, sus calcetines negros no eran calcetines, ni parecían albergar pies. No había forma.
Un pequeño charco negro rodeaba sus zapatos, ahora sin cordones. Algo negro y espeso se extendía lenta pero perceptiblemente bajo ellos acercándose a mis pies.



:::Post 305 - CR 052/090907 – El náufrago
:::foto: 081106-P1020069 - Santander - Noray
:::enlace : La Mirada Ausente - Norays en el puerto

28/08/09

atención olor interés

ñoco!


veo que no estáis haciendo nada

¿podríais ayudarme?

.


¿sabéis acaso a qué huelen las nubes?

veréis, es la primera vez que tengo una tan cerca

(siempre estuve enamorado de ellas)

.


os quedaré muy agradecido

espero con ansia vuestras respuestas

.

.

.

:::Post 304 - CR 051/090828 – atención olor interés
:::fotos: 090813-A0636-A0632-A0631 - Salamanca - Cespedosa - Caballo

07/08/09

Miran como baila

ñoco!


.
alterados, muy alterados

el Empire Estate, el Chrysler, el Rockefeller...
.
y todos aquellos que pugnaban por tocar el cielo

pudieron ver como el Puente de Brooklyn

bailaba para vosotros

(haz click en la foto para comprobarlo)

.

.

:::Post 299 CR 050/090807 – Miran como baila
:::foto: 090513 – Nocturno en New York /// Canon S3IS
:::enlace: La Mirada Ausente - El baile del puente de Brooklyn

02/08/09

Esperando el pescado

ñoco! .
.
.
azules saladas curtidas
.
maderas pendientes de una decisión
.
... de los que no navegan
.
.
mientras ...
.
soñaban con una costera espectacular
.
comparable a cúmulos de estrellas
.
de azogue hecho océano
.
.
cientos de miles de anchoas estaban esperando
.
en algún rincón
.
.
... de aquel esquilmado mar
.
cuna y sepultura
.
de galernas
.
.
.
.

:::Post 298 CR049/090802 – Esperando el pescado
:::foto: 090413-C0782 - Barco pesquero en el Puerto de Santander / Canon S3IS - f/8 - 1/40 seg - 85 mm*

20/07/09

A ras de cielo

ñoco!


manos vacías
sin uñas con las que arañar el sustento
bajeles rojos sueñan
cargados de esperanza

líneas de flotación azules
bañándose sobre aguas
que lánguidas
acarician
a ras de cielo
nubes de maná

mientras… vergeles
ocultos tras rejas sanguinolentas
visibles de aceradas espinas
ofrecen sus últimas promesas

escondidas tras su eco





:::Post 295 CR 048 - 090720 – A ras de cielo
:::foto: 070612-C1954 - A ras de cielo - Ilha Armona - El Algarve - Portugal
:::Canon S3IS - f/4 - 1/1250 seg - 120 mm*

28/06/09

Bicis con chica




Estaba parada. Me detengo. Le pregunto por una dirección.

Hi! Are you Spanish? Aren’t you? Fantastic! ¡español! Yo he estado varias veces en España, en Madrid… y en Barcelona. Right, por eso hablo tu lengua bastante bien. Sí. Sí. Mira, sigue derecho. ¿sabes por dónde está Macy’s?. Sí. Como el Corte Inglés pero más grande. Sí. Ya sabes, en NY todo es como en el resto de los lugares del mundo. Que sí. Bueno, solo más alto y más ancho… y largo también. Más alta, sí, eso sí. Como Barcelona. Bueno, no, pero igual. Mi exnovio vive allí, ahora, desde hace unos años. Cerca de una plaza con unas palmeras muy altas. ¿Qué no son palmeras? Bueno, a mí me lo parecen. Y es que trabaja allí. Bueno, yo creo que eso que buscas es de fotografía ¿no? Está en la 34 St con la 9ª Av. ¿Tan exacto? Claro, voy a menudo. Hace dos meses me compré un laptop. Eso, un portátil. Ah! Siempre puedes preguntar cuando estés más cerca. Yo voy bastante a Barcelona, a casa de mi ex. No. No. No te creas. Tenemos una excelente relación. Me paso una o dos semanas con él. A veces un mes entero. Estupendo. Y nada de sexo, solo una relación afectiva. No. No. Más que hermanos pero no lo otro. Tuvimos que dejarlo. ¡Oye!, que ya que estás por aquí, ahí al lado está el bar donde se rueda la serie de TV Los Sopranos. ¿Qué has tomado una ‘peroni’ allí? Vale, ya sé, el Mulberry Street Bar. Que sí. Que celebran su centenario. Es un sitio al que iba a menudo con mi ex. Sí. Tuvimos que dejarlo. Ya. Por cuestión de costumbres, solo por eso. A él le gustaba la noche y a mí el día. Si, claro que discutíamos. No. No. Eran unas discusiones sosegadas… pero, al fin y al cabo, eran discusiones. Además, yo era adicta al azúcar… y él a la sal. No nos poníamos de acuerdo. Antes, cada domingo, nos acercábamos a Magnolia Bakery, dónde van las de ‘Sexo en Nueva York’. ¡Qué dices! ¿Qué ya te has tomado un pastel de esos? Ya, ya. Ya veo que ha sido por casualidad, pero no lo digas en ese tono, que parece que estás disculpándote. No. Ya sé. Supongo que ha sido el azar quién te ha traído aquí. Sí. Sí. OK. Estoy de acuerdo. El nivel de empalago de esos pastelitos llega a límites casi insostenibles. Bueno, solo es una vez en a vida. No exageres. ¿Y llevas tiempo aquí? ¡Ah!. Ya. Turista. Pues tienes un inglés muy cute. ¿Cute? Significa algo así como lindo. No me des las gracias. Te lo he dicho en serio. ¿Para que engañarte? ¿No te lo habría dicho? Creo que es la esquina de la 9ª con la 34. Sí. Tardarás algo. Son al menos unas cuantas calles. Pero oye, ya que estás por aquí, date un paseo por Little Italy y Chinatown. O sea que has comido allí. Sí. Sí estoy de acuerdo contigo. Es una pena que la Pequeña Italia esté siendo engullida por los chinos. Bueno, es cierto, casi no había caído en ello pero resulta chocante que una lasagna o una pizza te sea servida por un chino, con ‘torna sorrento’ de fondo. Por un chino. Ya, claro. Es cierto que en sentido contrario una sopa de aleta de tiburón te la sirva un sudamericano tampoco va bien. ¿Entonces… de que parte de España? ¡Ah!, preciosa ciudad. Una vez disfruté un documental en una canal de TV. Sí, un canal. Un. Tienes una hermosa bahía. Ya. Vale, right, ya sé que no es tuya, pero al menos la disfrutas. ¿En serio? ¿Qué me invitas? Bueno, bueno. Luego hablaremos de eso. Puedo acercarme a tu casa la próxima vez que vaya a Barcelona. ¿A él? ¡Que va a importarle! ¿Lejos? No te preocupes. No está tanto. Ésta es una ciudad para andarla. Además, las manzanas, por las avenidas son más estrechas que por las calles. Llegarás en poco tiempo. Y si andas… siempre encontrarás sorpresas. Mira aquella esquina. ¿La ves? Lleva ahí desde siempre. Bueno, o casi. Esa bici es fotografiada por todo el mundo que pasa por aquí. Sin ir más lejos, en este lugar, hace una semana, estuve hablando con una española. Déjame pensar. ¿Cómo se llamaba? No sé, tal vez algo acabado en nesa, o resa. Quizás cesa. Algo así. Pues no paró de hacerle fotos… como tú, que me he fijado. ¿Yo? Vengo a menudo. Quedo con unos amigos, todos de bici, y nos tomamos una brooklyn. Sí. Bien fría es estupenda. No, no. ¡Que va. Yo vivo al otro lado, en Staten Island. ¿Sí? Ya claro, todos los turistas cruzáis al otro lado, para hacer fotos del Lowertown y de Jersey. Por supuesto… pero no sé darte una explicación… que sí sabía. Sí. Parece raro que cruzar en el transbordador sea gratuito. ¡Oh!, que tierno. ¿Y te pidieron que les hicieras una foto? La gente es amable. Aquí todos los somos. Sí. Es una ciudad encantadora. No. Yo no nací aquí.



Heyyyyyyyy Liza! Don’t forget it! At 7 sharp at Joe’s Pub! Yeah! Bye! c.uuuuuu! Era Liza, una de mis amigas. Esta tarde nos reuniremos para preparar el próximo weekend. ¿O sea, que solo querían que tuvieras una foto de ellas para que te acordaras del día? ¡Que detalle! Bueno, sí, dos cachondas adolescentes de color. La segunda foto está algo borrosa. Claro, haces bien en no borrarlas. Pues mira que bien, ya tienes algo que contar. Tesa, eso era, se llamaba así. Ya sabes, lo acabo de asociar a mi ex, que vive en Barcelona. Solo. Sí. Solo. No. No sé, además no me importa. Ahora es para mí una bonita amistad, ya te lo dije. Mira, esta pulsera me la regaló él cuando cumplimos el primer mes de relación. Y la bici. Me la trajo al día siguiente. Mira que curioso, y él no sabía montar. No. Al poco compró una igual y aprendió enseguida. Sí, es cierto, ésta es una ciudad para bicis. No. El tráfico no importa. No. No me entretienes. Me resulta agradable hablar contigo. Vale, pues que esperen. ¿Tienen prisa? ¿Y que vas a ver, perdón, que vais a ver? ¿Eso? Ya. Ya sé que es un clásico. Pues sí, yo también hubiese preferido El fantasma de la Ópera. Bueno, West Side Story tiene la ventaja de que una parte está en español. Sí. Pues que la disfrutéis. Bueno. Puede ser. Si vais a estar unos días, tal vez nos crucemos de nuevo. ¡Ah!, ¡El email! Toma nota. Claro que te visitaré. Y dame el tuyo. Bien, bien. ¿Está bien escrito? O.K. ¿Os tomáis una brooklyn conmigo? Podríamos charlar más.


¿Me había dicho la 34 con la 9ª? Preguntaré en Macy’s.






:::CR: 047/090628 - Bicis con chica
:::foto: 090513-C1563 - La chica de la bici - Canon S3IS - f/4 - 1/200 seg - 80 mm*
:::foto: 090511-P1020828 - La ciclista en Bedford Av - Lumix DTZ5 - f/3.9 - 1/400 seg - 67 mm* - Iso 800

06/06/09

Cuatro brillos sobre acero y sal

ñoco!

cuatro fueron los primeros destellos
.
sur amarillo candela
oeste azul ría
este azul fruta
norte verde reino
.
y después...
todo fueron brillos en un maizal
.
ahora mismo
vosotros sóis esos brillos
.
sobre el rojo color de la esperanza
.
.
.


:::post 284 CR 046/090606 - Cuatro brillos sobre acero y sal
:::foto: 090413-C0766 - En el puerto pesquero de Santander
:::Canon S3IS - f/8 - 1/125 seg - 150mm*

26/05/09

La chica del taxi azul

ñoco!



Espera con calma la llegada de un taxi. Hablo con ella. Me lo cuenta. Al parecer, todas las chicas que esperan un taxi me cuentan una historia.

De vez en cuando desvía la mirada, sin perder la atención, para picotear algo con lo que reponer fuerzas. Son muchos días los de espera. Me dice exactamente, sin consultar ninguna agenda, las horas que lleva allí sentada, en esa pequeña plaza desde la que, todos los visitantes que Nueva York devora, hacen fotografías al Flatiron. Ella me dice que es La Plancha, que así es como le llaman otros.

No le digo nada. No deseo desanimarla ya que tengo la certeza, perdón, tengo la casi certeza de que su espera será eterna. Su espera de ese taxi azul.

No necesito hacerle muchas preguntas. Habla con voz queda acerca de ese taxi. Tiene que ser azul no en vano ella se ha vestido así, de amarillo, para esa especial ocasión.
Le insinúo que Nueva York está repleta de limusinas blancas. Mueve desdeñosa, pero delicadamente las manos en un gesto harto elocuente. También le hablo de limusinas negras, menos, pero abundantes, pero ella insiste. El azul es el color que mejor combina con ella. Con ella, como si ella fuera su vestimenta.

Me acerco a un puesto callejero y le traigo un zumo de maracuyá. Hace calor, 76ºF y la humedad es alta. Me pregunta si no lo había de naranja o melocotón. Mejor naranja.

Mientras regreso con el zumo, ahora naranja, cientos de taxis pasan en todas las direcciones. Sé que no veré ninguno azul… pero miro intensamente como si en ello fuera mi felicidad.



Taxis veloces tiñen la Quinta con mínimas estrellas amarillas fugaces.
Peatones rápidos dejan el rastro de su existencia, prendido en el aire.
Árboles atados al ruído confunden su sombra con un falso cielo.
Y un falso mar trepa por un rascacielos.



Y con prisas,
un árbol cálido quiere llegar a una plaza,
donde una chica vestida de amarillo, espera un taxi,
para contarle el secreto que todos le ocultan.
El azul no existe. No existe en movimiento.

.
.
.


:::Post 282 CR 045/090526 - La chica del taxi azul
:::foto: 090513-C1556 - La chica del taxi azul - f/3.5 - 1/400 seg - 420*mm
:::foto: 090515-C1628 - Prisas - f/2.7 - 1/4 seg - 36*mm
:::foto: 090509-P1020565 - Arbol veloz - f/3.3 - 1/60 seg - 30*mm
:::
enlace English Version: INT 031 - The blue girl taxi


20/05/09

Cuelgan invisibles

ñoco!


Cuelgan--------Cuelgan musicales notas horizontales sonando en pentagramas invisibles

palabras-------Cuelgan de un arco siete colores con infinitas combinaciones invisibles

apoyadas------Cuelgan ropas olorosas de gentes invisibles

en--------------Cuelgan pensamientos y sentimientos de almas invisibles

una-.-----------Cuelgan cielos estrellados sostenidos por manos invisibles

vertical---.-----Cuelgan del viento movimientos presurosos en hojas invisibles


invisible-..-----Cuelgan ¿qué cuelgan? ¿qué cuelgan?

...


Y mientras cuelgan…
son solo
rojos segundos invisibles
los que pasan en un momento.

.
.

:::Post 280 CR 044/090520 - Cuelgan ropas en Triacastela (Lugo)
:::foto: 080606-C6405 - Ropa colgada cerca de Triacastela (Lugo) - Camino de Santiago)
:::Canon S3IS - f/3.5 - 1/400 seg - 150 mm*

:::enlace / link: La Mirada Ausente - Ropas invisibles

04/05/09

Bichos




Aquellos extraños bichos, diminutos bichos, llegaron a mi piel. No recuerdo cuando pero, al mirarlos, los encontraba familiares. Me parecía reconocerlos como algo mío. No obstante, su llegada, aunque incomprensible, no dejó de ser un gran acontecimiento.

Los veía pasar por el dorso de mi mano mientras escribía. En algunas ocasiones tenía la sensación de que eran ellos los que movían el lápiz del número 1 que siempre utilizo para escribir. Número 1 o B, de dureza, aunque esa dureza diese igual ya que yo nunca borro nada de lo que escribo… si es que no escribían ellos.

Su longitud, la de cada uno de esos bichos, era de un quinto de milímetro. Tal vez hubiesen escogido esa longitud sabedores que, por debajo de esa medida, yo no distingo longitudes exactas. Eran negro acorazado azabache. Rápidos.

Algunas veces me producían una sensación de agradable cosquilleo. No ahora. Ya no.

Mientras su vida se desarrolló en el dorso de mi mano, no hubo problema alguno, pero ahora la situación había cambiado. Algunos de ellos se habían deslizado hasta la pierna donde apoyo la libreta imaginaria donde podría tomar notas. Taladrando el pantalón, algo que no sé a ciencia cierta cuando lo hicieron, ni cuanto trabajo les habría costado, llegaron a mi piel.

Ya no, decía. Ya no me producían un placentero cosquilleo dado que, con inusitada violencia y persistencia taladraron mi piel y comenzaron a trazar un intrincado y complejo laberinto de galerías por los que los “veía” deslizarse. Y "veía" el sonido que producían. Realmente, los sentía. Y ahora, dado que antes no les había prestado la suficiente atención, sentía sus siete diminutos pares de patas corriendo por esas galerías bajo mi piel. Había llegado a una conclusión: con siete pares de patas no eran insectos, ni tampoco arácnidos... y no llegaban a miriápodos.

Ya no, decía. No me producían un cosquilleo placentero. Era una sensación ahora insoportable, aún así descriptible. No he podido hacer conjeturas acerca de las posibles actividades que desarrollaban bajo mi piel pero el caso es que no se movían en una zona determinada, con contornos precisos. Ni siquiera, que desde esa zona tan concreta pudieran ir extendiéndose.

No era así, como podía figurármelo. Ahora constato una realidad. Suelen desarrollar su actividad, cualquiera que sea, en zonas claramente delimitadas, zonas no muy grandes, de unos cien centímetros cuadrados o un poco más, zonas bastante precisas, de contorno muy definido pero irregular. En estos momentos, su actividad está localizada en la zona exterior de la pierna izquierda, a medio camino entre la cadera y la rótula. Tal vez en unas horas cese, tal vez en unas horas, o días, aparezcan en otra zona de mi cuerpo. Y no encuentro solución alguna. No es un picor. Rascar no es un alivio.

En mis últimas observaciones había podido comprobar que sus zonas preferidas eran los brazos y piernas, y que su frenética actividad tenía periodos de descanso pero, ahora, no hace mucho tiempo, he notado un salto cualitativo inquietante. Al menos, turbador en tanto que me atañe tan directamente sin que todavía no haya evaluado concienzudamente sus implicaciones y consecuencias. La cuestión es que… acaban de llegar al cuero cabelludo, especialmente, en las zonas parietales donde la piel, al menos la mía, es más fina. Ellos, estos condenados bichos, cavan millones de galerías. Millones puede ser una exageración, pero a mí me lo parecen.

Todavía recuerdo mi niñez, cuando podía llenar hojas y hojas de papel blanco en las que dibujaba, con bastante detalle, con tinta china, millones de galerías. Sí. Otra exageración. El caso es que en aquellas galerías subterráneas hacía que se desarrollasen actividades inusitadas. Innumerables personajes corrían por ellas. Tanques y otros vehículos de guerra… incluso barcos y submarinos, dado que aquellas galerías también albergaban lagos y salidas directas al mar. Pero esto sucedía en mi niñez, que paulatinamente estoy abandonando. Y es este pensamiento, el de aquellas intrincadas galerías y grutas, el que me hace sopesar la posibilidad de que algo así esté ocurriendo dentro de mí... sin que sea yo quién las dibuje.

Retomando mis preocupaciones, ese asalto a mi cuero cabelludo me hace temer que esos laboriosos bichos puedan iniciar pequeñas trepanaciones del cráneo con probables consecuencias para mis ideas. No creo que me convenga una fuga de las mismas, dado que el repertorio del que dispongo no es muy abultado. Una lobotomía no me parece aconsejable en esta etapa de mi existencia aunque, por otra parte, pudiera ser interesante una entrada masiva de nuevas ideas o pensamientos… dado que el repertorio del que dispongo actualmente no es muy abultado. Sí. Se nota que repito las ideas.

No sé que desear. Tampoco sé cuanto tiempo piensan vivir en mí estos bichitos. Estoy desarmado. No sé cómo eliminarlos… ni siquiera sé si debiera eliminarlos. A estas alturas ya les he tomado un cierto afecto. Creo que debo adquirir una cierta calma para seguir sus movimientos y evolución. También creo que una medida prudente sería ponerles un nombre colectivo, de momento en tanto no los vaya conociendo uno a uno. Tal vez, con identidad, ya sabría cómo tratarlos.




:::Post 278 CR 043/090504 - Bichos
:::foto: 090315-C0568 - Madera descompuesta
:::EXIF: Canon S3IS - f/3.5 - 1/807 seg - 106* mm - 0.00 eV - Sin trípode - Sin flash
:::enlace: La Mirada Ausente - Óxido emergente

23/04/09

Letras para libros

ñoco!


día del libro
día de los libros

¿
uno?

¿
dos?

¡los dos!
.
.
uno = universo
dos = letras
.
¡los dos!
.
.

:::Post 273 CR 042/090423 - Letras para libros
:::foto: 061101-C0423 - Letras para libros
:::EXIF: Canon S3IS - f/8 - 1/60 seg - 036 mm* - 0.00 eV - Sin trípode - Sin flash
:::enlaces: SPT: Libro Universo - LMA: Libro Letras

18/04/09

Desintegración - Integración

ñoco! .
.
quemados los pies
por el ansia de la llegada
allí, sobre un tronco
sobre el castaño de las mil y mil mañanas
de historias no contadas
abandonada

sin conocer meta
sin escuchar campanas del alba
sin santiago
desintegrada
quedaba

y mientras
el peregrino continuaba
descalzo en el alma
.


:::Post 271 CR 041/090418 - Desintegración - Integración
:::foto: 080606-C6359 - Zapato de peregrino en el Camino de Santiago - Triacastela (Lugo)
:::Canon S3IS - f/3.2 - 1/100 seg - 54* mm - 0.00 eV - Sin trípode - Sin flash

10/04/09

La senda de alambre

ñoco


por la senda de alambre
cuelgan penas
rojo que arde
aúlla el lobo
nunca es tarde
te apresa el hambre.

por la senda de alambre
una vida pende
tarde cierran
las estrellas
hienas pasean el cielo
la luz que de ellas parte

por la senda de alambre
una gota se derrama
y en una vuelta de tuerca
mientras sisea la víbora
cuatros ligeros gemidos
sabes que son de sangre

por la senda de alambre
donde pierdes el hilo
notas que el filo
donde apoyas las palabras
vida
muerte
es cortante

.

.

:::CR: 040/090410-1 - La senda de alambre
:::foto: 090215-C0502 - Alambre retorcido
:::EXIF: Canon S3IS - f/2.7 - 1/60 seg - 6 mm - 0.00 eV - Sin trípode - Sin flash

04/04/09

Highway to Hell and back to Heaven

ñ



Cris (Pintando en positivo) ha dejado un nuevo comentario en su entrada "Highway to Hell" (La Mirada Ausente):

¿Sabías que si cambias los colores en esa foto podría ser igualmente una autopista hacia el cielo? y tú dirás, ¡pero si son tablones oscuros entrecruzados!, ya, pero en este momento de mi vida son como haces de luz, todo depende del color con que lo veas, yo veo haces de luz sobre una plataforma plateada de azules, brillos, mar y sol y con esa música de paz y esperanza que escucho, ¡perfecto paisaje! y la foto muy buena por cierto, total de hell a heaven solo hay un cambio de tres letritas, ¿no? :-)


Y claro...¡cómo iba a negarme a cambiar tres letritas de nada! Al fin y al cabo, cielo e infierno están interconectados, muy interconectados (viajo continuamente de uno a otro lado). Además, ella (Contando en posititivo) se molestó en transformar mi infierno en cielo. Ya véis la foto, su foto.
Ahora, lo tenéis fácil. Podéis escoger. Hell or Heaven. Incluso, como yo, vivir en ambos lugares a la vez, andando "por la senda de alambre".

Vuestra es la opción.

................................ Ah!!! ... Cris. Gracias.



.
.

:::CR: 39/0900404 - Highway to Heaven (CRIS) / LMA: 074/090330 - Highway to Hell
:::foto: 080131-C4943 - Regletas - Fotografía modificada por Cris (Copito de Nieve)
:::EXIF: Canon S3IS - f/2.7 - 1/159 seg - 6 mm - 0.00 eV - Sin trípode - Sin flash

22/03/09

Sonidos resbalando

*



Todos aquellos sonidos que veía deslizarse por las paredes, inundaban la habitación. Ahora sabía el origen de su claustrofobia.

Ya, desde muy pequeño, pudo ver como el primer grito de su nacimiento, su propio grito, mezclado con el de su madre, resbalaba paredes adentro hacia el útero que lo había resguardado aquellos 277 días.

Y ahora… todos aquellos sonidos resbalaban paredes abajo. Los veía deslizarse hasta llegar al suelo. Y veía como, poco a poco, los sonidos se iban acumulando, ocupando todo el espacio… y subiendo, subiendo.

Y se oía inundándose de sonidos. Y los veía. Primero los pies, ahora las pantorrillas. Y los sonidos crecían como crecía su angustia.

No podía estar en ningún lugar cerrado. En poco tiempo los sonidos comenzaban a ascender. Ahora las rodillas, ahora las caderas… y tenía que correr a una ventana para que pudieran escapar… o una puerta…

Cuando caía en una trampa, cuando la habitación no tenía una ventana abierta, los sonidos llegaban al pecho, ahora a los hombros… y la angustia era atroz pese a conocer el desenlace.

Sí. Lo sabía. Sabía que era algo cíclico, lo que no evitaba que tuviera que estar cerca de una puerta o una ventana.

Y todos los sonidos se deslizaban, resbalaban, paredes abajo hasta inundarlo todo. Ahora en el cuello, ahora en las orejas…

Y se completaba el ciclo. Veía ahora a los sonidos sumirse, por sus oídos abajo… y recuperaba la paz. Paz sufrida en esos últimos momentos ya que, mientras esos sonidos resbalaban dentro de su cuerpo hacia un agujero negro que contenía todo el universo, se daba cuenta de que arriba, solo un poco más arriba, su cerebro estaba emitiendo nuevos sonidos que, llegando a las paredes comenzaban a resbalar hasta inundarlo todo. Un ciclo eterno, cuando él tenía pavor de la eternidad.

En sus últimas voluntades había dispuesto su deseo de ser cremado. Nunca escribió que su deseo real era el de no continuar viendo sonidos que resbalaban paredes abajo hasta inundarlo todo. Realmente… no podía soportar la idea de que, encerrado en un ataúd, pudiera pasarse la eternidad viendo los sonidos resbalando paredes abajo hasta inundarlo todo. Inundándole.

.

.

:::CR: 037/090322 - Sonidos resbalando
:::foto: 071006-C2873 - Alumbrado público
:::EXIF: Canon S3IS - f/2.7 - 1/4 seg - 6 mm - 0.00 eV - Sin trípode - Sin flash

18/03/09

Hoy es un día

ñ
Hoy es un día especial. Lo quiero hacer especial por varias razones.

Hace trecientos sesenta y cuatro días, alguien muy querido me dedicó un post. Como es razonable, se lo agradecí.

Algunas veces he recibido alguna mención, no muchas, premios llaman. También los agradecí, pero nunca coloqué esos premios, sus logos, en la barra lateral.

Tal vez, o muy seguro, por un exceso de pudor mal entendido, vergüenza o timidez, pude parecer descortés (aunque siempre expliqué mis razones, que fueron entendidas por los interesados).

Ahora deseo corregir un error. Una de esas dedicatorias tuvo un mérito especial. Supuso a su autor un esfuerzo digno de valoración, no solamente por mí sino por todos aquellos visitantes comunes. Por eso, coloco aquí, bajo su nombre, un enlace a su blog a fin de que sepáis a lo que me refiero.

Me gustó tanto ese vídeo que me pareció demasiado pretencioso colocarlo en mi blog, como nuestros amigos querían. Ese pudor me impedía homenajearme, cuando en realidad solo sería el reconocimiento a su trabajo, al trabajo de mi amigo Rammsés. Y sé que mi abuela estaría orgullosa. Mucho.

Espero, con estas palabras, reparar lo que nunca debí hacer, amparado en una falsa modestia.
.
El Mago
RAMMSÉS

Y después de disfrutar de su vídeo... !con banda sonora de Ruichy Sakamoto! ...
.
...muchos de vosotros habréis recibido un aviso de Netlog diciendo que hoy cumplo 109 años.
.
Casi. Estoy en ello. Solo se equivocan en poco, en el número.
.
Y al paso que cumplo esos años, también cumplo, porque quiero, dos años entreteniéndome con la publicación de cortos relatos, falsos poemas y fotos, muchas fotos. Y cumplo años merodeando por vuestros blogs que, cada uno en su estilo, son merecedores de todo respeto y mérito.

Dos años son muchos cuando uno tiene la tentación constante de cerrar todos sus blogs. Restringir la actividad a dos de ellos hace la tarea más llevadera...
.
Dos años ha supuesto el mantener un cercano grupo de amigos, la incorporación de otros nuevos y, desgraciadamente, ir dejando a otros en el camino. Gracias a todos por estar aquí. Y gracias a los que no estáis... pero continuáis estando. En el "maizal" cabemos todos.

Por ser la primera vez que escribí algo en mi vida, os dejo un enlace a mi post inicial en Outra Vaca No Milho. Me hubiera gustado publicarlo en otras lenguas... estoy en ello. No tiene más valor que el simbólico.

Y llamé a las puertas del cielo

Todavía ahora sigo buscando la perla perdida. Y todavía ahora sigo sin saber si hay esperanza... por mucha eternidad de que disponga y por muy roja que sea esa esperanza.

Por último... un 18 de Marzo, si buscáis en efemérides, inventaron el equinocio de Primavera (vosotros, los australes, ya sé que ahí es Otoño)

Primaveras y Otoños son hermosas estaciones.
.
Salud
.
.
.

:::CR 000: 090318 - Hoy es un día
:::foto: Retrato de Ñoco Le Bolo visto por un niño de 5 años 8 meses 1 día
:::enlaces: Vídeo de Rammsés - Y llamé a las puertas del cielo